Qué mide y qué no mide
El índice de gravedad, o IG, relaciona el tiempo de baja asociado a los accidentes contabilizados con las horas trabajadas del colectivo considerado. Es uno de los índices de siniestralidad y aporta una dimensión diferente del simple recuento de accidentes. Dos unidades con el mismo número de sucesos pueden presentar índices de gravedad distintos si las duraciones de las bajas difieren.
El nombre puede inducir a pensar que resume toda la gravedad de un accidente, pero su alcance es más limitado. El sufrimiento, las secuelas o el potencial de una situación no quedan descritos por un único cociente. Un incidente de alto potencial sin baja puede revelar un riesgo crítico aunque no incremente este indicador. Por eso debe interpretarse junto con información cualitativa.
Fórmula y unidad de medida
La fórmula habitual es: IG = días de duración de las bajas × 1.000 / horas trabajadas. El resultado se expresa en días de baja por mil horas. El numerador y el denominador deben corresponder al mismo ámbito, con una regla temporal explícita. El multiplicador es mil; utilizar por error el millón del índice de frecuencia cambia el resultado por un factor de mil.
En informes internos conviene mostrar los tres elementos: días, horas e índice. Así puede identificarse si una variación procede de bajas más largas, de más sucesos o de una reducción de las horas trabajadas. Presentar solo el cociente hace más difícil revisar la calidad del cálculo y puede ocultar cambios importantes en el volumen o en la composición de la actividad.
Qué días deben contabilizarse
La NTP 1211 recoge, conforme a la metodología estadística española que cita, los días naturales de incapacidad temporal del periodo inicial, incluyendo las fechas de baja y alta y excluyendo recaídas posteriores de ese cómputo. Esta definición debe distinguirse de contar únicamente turnos o jornadas laborables no realizadas. Mezclar ambos criterios impide comparar correctamente las series.
También es necesario definir cómo se trata una baja que atraviesa el cierre del periodo. Un indicador de días transcurridos durante el mes y otro de duración final de las bajas de accidentes ocurridos ese mes responden a reglas diferentes. La organización debe documentar el criterio, identificar datos provisionales y aplicar la misma metodología al comparar con una fuente externa.
Ejemplo práctico
En un ejemplo hipotético con datos ya cerrados, los accidentes incluidos acumulan 120 días de baja y el colectivo registra 200.000 horas trabajadas. El cálculo es 120 × 1.000 / 200.000 = 0,6. El resultado se presenta como 0,6 días de baja por cada mil horas trabajadas. No significa un 0,6 por ciento ni una probabilidad de lesión individual.
Si otra unidad acumula 40 días con las mismas 200.000 horas, su IG es 0,2. La diferencia puede orientar una revisión, pero no demuestra por sí sola que la segunda tenga mejor control de todos los riesgos. Antes de concluir deben examinarse los accidentes concretos, las tareas, el periodo, los criterios de registro y los posibles escenarios graves que no llegaron a producir bajas.
Bajas abiertas y revisión de los resultados
Cuando una baja continúa abierta, su duración definitiva aún no se conoce. El informe debe indicar si utiliza días acumulados hasta una fecha de corte o espera al cierre de los casos según su metodología. Un valor provisional puede aumentar después sin que se haya producido un accidente nuevo, simplemente porque ha cambiado la información disponible sobre un suceso anterior.
Para evitar confusiones conviene conservar la fecha de extracción y la versión del cálculo. Si se revisan datos de periodos anteriores, el gráfico debe mostrar la serie actualizada con una nota metodológica. Comparar un ejercicio cerrado con otro que contiene bajas todavía abiertas puede infravalorar las consecuencias del segundo y generar una impresión de mejora que desaparecerá al consolidar la información.
Diferencias con frecuencia e incidencia
El índice de frecuencia relaciona accidentes y horas, mientras que el índice de incidencia utiliza la población trabajadora como referencia. El IG incorpora la duración de las bajas. La lectura conjunta permite distinguir, por ejemplo, una situación con menos accidentes pero bajas más largas de otra con más sucesos y duraciones menores.
No debe confundirse tampoco con la duración media de las bajas, que divide los días por el número de accidentes incluidos. Cada fórmula tiene su denominador y su unidad. Crear una tabla con nombre, definición, origen de datos y frecuencia de actualización reduce errores al trasladar indicadores entre informes, hojas de cálculo o cuadros de mando utilizados por áreas diferentes.
Cómo usarlo para decidir medidas
Una variación del IG debe conducir al análisis de los casos que la explican y a la revisión de las condiciones de trabajo. Si varias bajas prolongadas se relacionan con una operación, puede ser necesario revisar su evaluación y sus controles. La prioridad preventiva debe considerar la gravedad posible y la obligación de actuar, sin depender exclusivamente de cuánto cambie el indicador.
Conviene combinar los resultados con indicadores proactivos y reactivos que permitan comprobar la implantación de medidas. La gestión debe favorecer datos fiables y atención adecuada a las personas. Presionar para acortar bajas o modificar registros con el fin de mejorar una cifra deteriora la información y desvía el objetivo: prevenir daños y mejorar las condiciones reales de trabajo.
Errores frecuentes y límites
Son errores comunes sumar días de colectivos diferentes a los del denominador, mezclar días naturales y laborables o comparar datos provisionales con definitivos. También puede distorsionarse el resultado al cambiar de criterio sin recalcular la serie. Los sistemas históricos o de otros países pueden utilizar convenciones distintas, por lo que la coincidencia del nombre “índice de gravedad” no garantiza equivalencia.
Un IG bajo no acredita ausencia de incumplimientos ni elimina la necesidad de controlar riesgos graves. En plantillas pequeñas, un solo caso puede dominar el resultado durante mucho tiempo. Mostrar el contexto, las unidades y las limitaciones hace que el indicador sea útil para aprender; utilizarlo como una clasificación aislada puede producir decisiones poco relacionadas con la prevención efectiva.
