Qué es un equipo de protección individual
El Real Decreto 773/1997 define el EPI por su finalidad y su forma de uso: se lleva o se sujeta para proteger frente a riesgos que amenazan la seguridad o la salud. Son ejemplos los protectores auditivos, guantes de protección, calzado de seguridad, equipos de protección respiratoria, gafas, pantallas faciales, cascos o sistemas personales contra caídas, siempre que respondan al riesgo evaluado.
No todo lo que se viste en el trabajo es un EPI. La ropa ordinaria o los uniformes que no protegen la seguridad y la salud quedan fuera. También existen exclusiones específicas, como determinados equipos de socorro y salvamento o material deportivo utilizado como tal. La clasificación depende del uso previsto y de la función protectora, no del nombre comercial.
Por qué es la última barrera y no la primera
La protección individual no elimina el peligro: interpone una barrera entre el riesgo y una persona. Por eso la Ley 31/1995 y el Real Decreto 773/1997 la sitúan después de las medidas que evitan el riesgo, lo combaten en el origen o protegen colectivamente. Un sistema de extracción, un cerramiento o una separación física protege sin depender tanto del ajuste y conducta individual; un EPI puede fallar por selección, colocación, desgaste o incompatibilidad.
«Usar EPI» no es una respuesta completa a una evaluación. Debe explicarse qué riesgo residual permanece, por qué no puede controlarse suficientemente de otro modo y qué prestaciones necesita el equipo. Si cambian el proceso, el producto, el tiempo de exposición o la persona usuaria, la selección debe revisarse.
Diferencias con protección colectiva, ropa de trabajo y equipo de trabajo
La protección colectiva actúa sobre el foco, el medio o una zona y puede proteger simultáneamente a varias personas: barandillas, resguardos o extracción localizada. El EPI protege individualmente y suele depender de uso, ajuste y mantenimiento. La ropa de trabajo solo es EPI si tiene una finalidad protectora frente a un riesgo; un uniforme corporativo sin esa función no lo es.
Un equipo de trabajo es una máquina, aparato, instrumento o instalación utilizado en el trabajo. Puede incorporar elementos de seguridad y, a la vez, requerir algún EPI residual. Tampoco deben confundirse los EPI con productos sanitarios: una mascarilla filtrante destinada a proteger a quien la lleva y una mascarilla quirúrgica destinada principalmente a limitar emisiones responden a marcos y prestaciones diferentes.
Cómo se selecciona y gestiona
El proceso parte de la evaluación y sigue una secuencia verificable:
- Identificar el riesgo residual, su vía de exposición, nivel, duración y condiciones.
- Definir la prestación necesaria sin elegir todavía una marca.
- Comprobar certificación, marcado e información del fabricante aplicables.
- Valorar ergonomía, talla, ajuste, salud, condiciones ambientales y compatibilidad entre equipos.
- Consultar y permitir una prueba de uso en la tarea real.
- Entregar gratuitamente, formar y entrenar cuando el uso lo requiera.
- Establecer limpieza, almacenamiento, inspección, mantenimiento, sustitución y retirada.
- Supervisar el uso efectivo y revisar la selección.
Un EPI compartido exige medidas que eviten problemas higiénicos o de salud, y algunos equipos deben ser estrictamente personales.
Obligaciones de empresa y personas trabajadoras
La empresa determina los puestos que necesitan EPI, precisa el riesgo y la parte del cuerpo que debe protegerse, elige equipos adecuados, los proporciona gratuitamente y vela por su utilización. También facilita información comprensible y formación; cuando sea necesario, realiza sesiones de entrenamiento. Debe seguir las instrucciones del fabricante y garantizar mantenimiento, reparación o sustitución.
Las personas trabajadoras utilizan y cuidan correctamente los equipos según la formación recibida, los colocan en el lugar indicado después de usarlos e informan de defectos, daños o anomalías que reduzcan su eficacia. Estas obligaciones no trasladan la responsabilidad empresarial ni justifican mantener una medida inadecuada. Si un equipo dificulta la tarea, no ajusta o crea otro riesgo, la respuesta es revisar selección y organización, no normalizar el incumplimiento.
Ejemplo práctico
En una operación de trasvase de un producto corrosivo, la empresa empieza por reducir la manipulación manual, cerrar conexiones y disponer contención y ventilación. La evaluación identifica un riesgo residual de salpicadura durante acoplamiento y desconexión. A partir de la ficha de datos de seguridad y de la tarea real se seleccionan protección ocular y facial, guantes de material compatible, ropa y calzado de protección cuando proceda.
Antes de implantar, se prueba que los equipos pueden utilizarse juntos sin dejar huecos ni limitar de forma peligrosa la visión o destreza. Se define dónde se guardan, cómo se descontaminan, cuándo se sustituyen y qué hacer ante una salpicadura. Después se observa la tarea y se revisan incidentes y deterioros. El EPI complementa, pero no reemplaza, el control técnico del trasvase.
Marcado y marco normativo
En España, el artículo 17 de la Ley 31/1995 establece el deber de proporcionar y asegurar el uso de EPI cuando sean necesarios. El Real Decreto 773/1997 regula su utilización en el trabajo y fue modificado por el Real Decreto 1076/2021. La guía técnica del INSST ofrece criterios no vinculantes para interpretar y aplicar estas obligaciones.
El Reglamento (UE) 2016/425 regula el diseño y la fabricación de los EPI puestos en el mercado, sus requisitos esenciales de salud y seguridad y los procedimientos de conformidad. No debe confundirse cumplir las reglas de comercialización con haber seleccionado correctamente el equipo para un puesto: el marcado CE y la documentación son necesarios, pero la empresa todavía debe comprobar idoneidad frente al riesgo, ajuste, compatibilidad, uso y mantenimiento.
